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RFID: más allá del código de barras
(abril, 2007)



RFID significa Identificación por Radiofrecuencia (las siglas RFID vienen del inglés Radio Frequency Identification). Es una tecnología que permite adherir a un producto, desde su fabricación, un dispositivo que emite señales de radio frecuencia con el fin de identificarlo de forma única.

Este dispositivo, conocido como etiqueta RFID (RFID tag) está formado por dos partes: un chip que contiene información sobre el producto y una antena que permite enviar la señal a distintas distancias, dependiendo del tipo de etiqueta. Normalmente emite señales en un radio de varios metros, pero existen otros modelos más complejos que alcanzan distancias de kilómetros.

El uso de señales de radio frecuencia no es, para nada, nuevo ni desconocido para la mayoría de personas que hemos tenido contacto con sistemas de manejo de inventarios, de bodegas o de aplicaciones de control de acceso, por mencionar algunos casos. Sin embargo, el hecho de poder incorporar identificadores únicos a cada producto abre mucho las posibilidades de acción, de control y de eficacia. El ejemplo típico y quizá más familiar que podemos mencionar es el de hacer las compras en el supermercado. Se menciona que ya no sería necesario pasar por la caja uno a uno los productos por el lector de código de barras, sino que pasaríamos el carrito lleno por una “puerta” con varios lectores de RFID, los cuales capturarían las señales que constantemente están enviando las etiquetas RFID de los productos. El sistema calcularía automáticamente el precio total de la compra y ¡listo! Es más, podrían existir “cajas rápidas” donde pagaríamos con tarjeta de crédito o débito, sin necesidad de un cajero humano. Al aceptarse el pago, se levantaría un brazo mecánico para dejar salir al comprador o simplemente no sonaría una alarma si alguien quisiera pasar sin pagar.

Otro ejemplo interesante podría ser el control de despachos de mercancías en una fábrica. A la hora de despachar una carga (ya embalada) se podría pasar el contenedor o el camión por una puerta con lectores de etiquetas RFID y automáticamente se podría verificar que las mercancías que van saliendo son las correctas. Esto es difícil de hacer en algunos casos y lento en casi todos ellos, si se hace manualmente, lo que provoca que no hagamos esa última revisión. Se podrían evitar muchos envíos equivocados y controlar mejor el inventario de producto terminado. Otra aplicación típica podría ser en la administración de bodegas, donde podríamos saber exactamente dónde está cada producto y si, por alguna razón, algún producto no aparece donde debería, podría recorrerse la bodega con un localizador que “escuche” la señal que emite el producto perdido, hasta localizarlo. También podría recorrerse los pasillos de un supermercado e ir identificando los productos vencidos (la etiqueta RFID podría emitir, además de su código de identificación, la fecha de caducidad).

Otras aplicaciones podrían estar en la identificación de empleados en una empresa o de pacientes en un hospital o el control de pago de peajes. En este caso un vehículo (con su etiqueta RFID en el parabrisas) podría pagar por adelantado un derecho mensual “sin límite de eventos” y tener un carril donde el sistema va controlando si el que pasa tiene derecho. En caso de no poseer el derecho prepagado le sería adjudicada una multa. ¡El carril rápido sería verdad!

En general vemos que con el uso de esta tecnología algunos procesos podrían ser más seguros, más rápidos y eficientes. Estas mejoras son posibles, en parte, gracias a que existen dos diferencias importantes con respecto al uso de código de barras:

a. Identificador único, no por tipo. Con las barras, todos los productos de un mismo tipo tienen un mismo código. Por ejemplo, las botellas de agua de 600 ml, tienen el mismo numerito asociado. Con RFID, cada botella tendría un código único que permitiría hacer más específico el control del inventario o el seguimiento de los productos una vez que han salido de la empresa.

b. No es necesario “ver” la etiqueta para leer su información. Como las etiquetas RFID emiten la señal, no es necesario “disparar” con un scanner, como en el caso del código de barras. La etiqueta podría estar dentro de una caja y aún así ser leída. Esto permitiría que la localización de un bulto o de un producto sea más fácil, pues las etiquetas RFID son activas en la emisión de la señal, no pasivas como una etiqueta impresa con un código de barras. Literalmente, el producto está “gritando” ¡aquí estoy! ¡Soy el 41287495! Si nos acercamos con un lector, podremos escucharlo y encontrarlo.

Sin embargo, hay cosas que todavía no convencen a algunos sectores y que han generado polémica. El tamaño y costo de las etiquetas ha sido un obstáculo en los años anteriores para hacer masivo el uso de la tecnología RFID, pero esto está cambiando sensiblemente. También la cadena de cambios (y su costo) que representará para todos los involucrados podría ser un elemento de desaceleración (fabricantes, transportistas, puntos de venta, legislación, entre otros).

La experiencia de mejoría y beneficios que el uso de los códigos de barras trajo, hace unos años, a los fabricantes, intermediarios y hasta usuarios finales podría facilitar la aceptación del cambio, pero hay nuevos elementos que quizá no se estén considerando como un problema, por novedosos.

Las etiquetas podrían permanecer adheridas en muchos productos por varios años, como en la ropa o en un vehículo. Como las etiquetas RFID siguen emitiendo señales por mucho tiempo, cualquier lector de RFID podría capturar información privada de nosotros y algunas personas podrían hacer uso indebido de estos datos. Inclusive, se ha llegado a afirmar que grandes empresas podrían hacer las veces de un Big Brother para estar conociendo nuestras actividades diarias. Algunas cosas pueden sonar alarmantes o ridículas quizá, pero no estaría de más tomarlas en cuenta. Después de todo, en los últimos meses hemos perdido mucha de la inocencia que teníamos como sociedad. Lo que sí es claro es que se podría llegar a obtener más información de un “cliente” al pasar a su lado con un lector de RFID, que lo que se obtiene hoy día con tanto software espía que ingresa a nuestras computadoras.

Thomas Gibbs, Director de Estrategia y Planificación del Grupo de Desarrollo de Soluciones de Mercado de Intel Corporation (supongo que no tiene impreso el nombre del puesto que ocupa en la puerta de su oficina) y, ¡valga la aclaración! experto en el tema de RFID, indica que “la historia demuestra que una innovación industrial puede tomar unos 20 años, en promedio, para lograr su madurez total. RFID no ha aparecido de la noche a la mañana y ya se está empezando a adoptar”. En 2005, la cadena Wal-Mart empezó un plan piloto en algunas de sus tiendas para evaluar esta tecnología, lo que sin duda significa que esto es en serio y que no sería raro que escuchemos más a menudo hablar de RFID.


Bibliografía

• De la revista PROFIT (de Oracle Corp.) el artículo “RFID: The Next New Thing”, del señor Thomas Gibbs. Volumen 10, Número 1, Febrero 2005.
• De la página www.laflecha.net/articulos/ciencia/rfid/ (Diario de Ciencia y Tecnología La Flecha). Artículo “RFID, el código de barras del futuro”, del autor José Manuel Gimeno, de 23-febrero-2004. Presentación comercial de la empresa CMA. • Otros artículos de Internet, principalmente para referencia o definiciones técnicas.

   
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